ESPERANDO A JESÚS

"He aqui, yo vengo presto, y mi galardon conmigo, para
recompensar a cada uno segun fuere su obra" Apocalipsis 22:12

La bendita esperanza del advenimiento

A lo largo  de los siglos los hombres y mujeres han tenido la esperanza de un mundo mejor. Sin embargo, a medida que los problemas de nuestro planeta se han agudizado, las posibles soluciones humanas se han vuelto cada vez más ineficaces e infecundas.

El siglo XXI ha sido testigo de desastres naturales nunca antes vistos; huracanes, terremotos, inundaciones, etcétera. En el planeta, hace más calor, más frio, hay cada vez más temporadas devastadoras. Y si a eso se le agrega el crecimiento desordenado de  la población y la escasez de  alimentos, el panorama no es  atractivo.

La situación es tan grave que  Giovanni  Sartori y Gianni Mazzoleni afirman que a la tierra no le quedan más de 50 años.

Ante esta sombría realidad se abre la puerta de la esperanza a través de la añeja promesa de Jesucristo, su venida a la tierra en gloria y majestad (S. Juan 14:1-3). Las condiciones del mundo obligan a una cada vez más apremiante intervención divina en la organización de la vida humana. En efecto, es necesario que el gobierno de Dios se establezca pronto para evitar, entre otras cosas, que los seres humanos se destruyan entre sí.

Pero ¿que brinda al ser humano la seguridad de que el Señor Jesucristo volverá?

¿Es que no han pasado ya mucho tiempo desde que los cristianos esperan dicho evento?

¿Acaso la venida de Jesús no ocurre en el corazón de cada hombre y mujer?

¿No será que se ha malinterpretado la Biblia?

De ninguna manera. El señor regresara visible, audible, en gloria y majestad, de manera repentina e inesperada.

 

El testimonio de la Biblia

Una de las grandes certidumbres para creer que en la segunda venida de Jesucristo se encuentra en su Palabra escrita. Antes de morir en la cruz, el Señor prometió “Vendré otra vez” (S. Juan 14:3, NRV 2000). De hecho la promesa del regreso de Jesús se encuentra tanto en el Nuevo y Antiguo Testamento. Mil años antes del nacimiento de Jesús, Asaf vislumbró el momento de la venida de Jesús en Gloria y majestad:

“Nuestro Señor viene, pero no en silencio; lo precede un fuego que todo lo destruye, y entorno suyo ruge la tormenta. El Señor convoca a los cielos y a la tierra, para que presencien el juicio de su pueblo “reúnanme a los consagrados a los que pactaron conmigo mediante un sacrificio””  (Salmos 50:3-5).

Lo interesante es que hoy no solo son los religiosos quienes hablan de un mundo en crisis y en probable colapso de grandes magnitudes, sino que son los geólogos, los biólogos, los sociólogos, quienes lo están proclamando. Por si fuera poco, ante la tentación de la incredulidad por aparente demora del Señor, la Biblia dice:

 “Recuerden las cosa pasadas, aquellas de antaño; yo soy Dios, y no hay nadie igual  a mí. Yo anuncio el fin desde el principio; desde los tiempos antiguos, lo que está por venir. Yo digo “mi propósito se cumplirá, y hare todo lo que deseo”” (Isaías 46:9-10).

 

La garantía de su primera venida

La segunda venida de Jesús tiene un precedente, su primer advenimiento a esta tierra. La presencia del Señor en este mundo fue una realidad. La persona de Jesucristo no es un mito que alguien invento con el tiempo. Es verdad, existió y a

nduvo por este mundo como un ser humano.

Pero su presencia en esta tierra tuvo un objetivo bien claro, vino a dar su vida en sacrifico por cada ser humano. La muerte que correspondía al hombre la tomó él, y a su vez, la vida que a él le corresponde, está a disposición  de la raza humana.  Por eso “fue ofrecido como sacrificio una sola vez para quitar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, ya no para cargar con pecado alguno, sino para traer salvación a quienes lo esperan” (Hebreos 9:28). Por lo tanto aquellos que aceptan su sacrificio, ocurrido durante su primera venida, lo esperan con gozo al momento de su regreso. La relación entre ambos eventos es muy estrecha.

 

El ministerio intercesor de Jesús

A lo largo de todo el año los sacrificios y ofrendas de los caldeos manifestaban su fe en el Mesías prometido. La sangre de aquello nobles animales, prefiguraban que un día Jesús daría la suya por este mundo. A su vez el pecado de la gente era transmitida al santuario a través del sacerdote, por lo que una vez al año, durante la fiesta de la expiación (Yom Kippur), se limpiaba al santuario  de aquellos

pecados que simbólicamente moraban en él. En ese momento tan solemne, el sacerdote, vestido con su ropa más sencilla, purificaba el santuario  a través de un macho cabrío, cuyas gotas de sangre dejaba caer sobre la tapa (propiciatorio) del arca del pacto, ubicada en el lugar santísimo del tabernáculo. El pueblo aguardaba expectante. Entonces, el santuario se llenaba de humo  que salía de la presencia de Dios y el sacerdote salía al patio del santuario, se vestía con su ropa de gala y aparecía delante del pueblo, quien prorrumpía en alegría. El santuario estaba limpio y el pueblo perdonado.

Posteriormente, se iniciaba la Fiesta de la Cabañas o tabernáculos, donde el pueblo celebraba el perdón y la protección divina. Eran días de sumo gozo.

La carta a los hebreos dice que Jesús es el sumo sacerdote de la raza humana (7:26). Una

de las principales funciones de sumo sacerdote en el santuario era de interceder por el pueblo de Israel, cuando Jesús ascendió al cielo  comenzó su ministerio sacerdotal intercediendo por los seres humanos. De hecho en la Biblia existen muchas referencias al respecto.

Al igual que el sumo sacerdote del desierto, cuando Jesús termine  su labor intercesora, momento que solo él sabe, se vestirá de sus ropas de gala y vendrá a este mundo para celebrar que el juicio de Dios ha comprobado el amor de los creyentes hacia el Señor, la justicia de Dios y la valides del perdón Divino.

¿Pero cómo vendrá Jesús?

¿Regresara a esta tierra de manera especial?

La palabra de Dios presenta tres dimensiones de la venida de Jesús a partir de tres palabras que se utilizan en el Nuevo Testamento para referirse a este evento.

 

La Parusía de Jesús

La Parusía significa “Presencia” o “venida”.  Aparece en varios textos de la Biblia, por ejemplo: “Para que sean afirmados vuestros corazones en santidad, irreprensibles ante nuestro Padre Dios, para la venida de nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos” (1 Tesalonicenses 3.13, véase también 4:15-17 NRV 2000) “entonces se manifestara aquel inicuo, a quien el Señor matara con el aliento de su boca y destruirá con el resplandor de su venida” (2 tesalonicenses 2:8, NRV 2000). “Porque como el relámpago que sale en el oriente y se muestra hasta el occidente, así será la venida del Hijo del Hombre” (Mateo 24:27, NRV 2000).

En el helenismo, el termino Parusía se utilizaba para  referirse a la venida de un gobernante, la visita de los dioses, he incluso tenía un significado sagrado de la palabra en la  filosofía. Los escritores del nuevo testamento escogieron muy bien esta palabra, porque Jesús vendrá en las nubes de los cielos como Rey de reyes y Señor de señores (S. Mateo 24:30). No será un rapto secreto, ni un evento aislado, sino que todo ser humano lo verá y lo escuchará (Apocalipsis 1:7; 1 Tesalonicenses 4:16-17). Será el evento más maravilloso de la historia humana.

Salvo una excepción, en la Biblia solo se utiliza Parusía para referirse a Cristo. ¿Y cuál es esa excepción? En 2 Tesalonicenses 2:9 dice que  Satanás tendrá también una Parusía. Eso significa que el diablo intentara imitar la venida de Jesús en gloria y majestad: “El acto capital que coronara el gran drama del engaño será que el mismo satanás se dará por el Cristo (…) el gran engañador simulara que Cristo habrá venido. En varias partes de la tierra, Satanás se manifestara a los hombres como ser majestuoso, de un brillo deslumbrador, parecida a la descripción que del Hijo de Dios da San Juan en el Apocalipsis (Apocalipsis 1:13-15). (…) El pueblo se postrara en adoración ante él, mientras levanta sus manos y pronuncia una bendición sobre ellos como Cristo bendecía a sus discípulos cuando estaba en la tierra”.

 Es precisamente por eso que la Biblia advierte  a los fieles a que no se dejen engañar  por algún otro evento sobrenatural que intente usurpar la venida del Señor (S. Mateo 24: 23-28)

 

 La Epifanía del Señor

El Nuevo Testamento  también utiliza la palabra Epifanía para  referirse a la venida de Jesús. Significa “aparecer”,“mostrarse” y se usa en varios textos bíblicos: “el sol se volverá en tinieblas y la luna en sangre antes que venga el día del Señor, grande y manifiesto”  (Hechos 2:20, como adjetivo, VRV 2000).

 

“Mientras aguardamos la bendita esperanza, la gloriosa aparición de nuestro gran Dios y Salvador  Jesucristo” (1 Timoteo 6:14, véase 2 Timoteo 4:1).

En el griego clásico y helenístico Epifanía formaba un grupo de palabras: “Mostrar”, “aparecer”; el adjetivo significa “visible”, “magnificente”; y el sustantivo “aparición”.

Ese grupo de palabras tenía un significado religioso con referencia a la intervención de los dioses para brindar ayuda. Por lo tanto, la palabra significa “ayuda divina”. Es por eso que en la Septuaginta (versión griega del Antiguo Testamento) se traduce como brillar (Deuteronomio 33:2), “aparición de Dios” (Génesis 35:7), “esplendido” (Ester 1:5); los usos más comunes se refiere a la ayuda poderosa de Dios (2 Samuel 7:23; 1 Crónicas 17:21).

Jesús vendrá para rescatar a su pueblo de las garras de Satanás. Vendrá con “grande poder y gloria” (S. Mateo 24:30) a libertar a sus hijos de los ataques de una sociedad perversa, destructiva y maligna. Regresará el día y la hora cuando él sabe que es el mejor momento para ayudarlos (S. Mateo 24:36) e  intervenir directamente en un planeta incapaz de convivir en armonía y respetar al Padre celestial.  Seguramente sin esta intervención divina el Planeta tendría un futuro nefasto. Por eso aparecerá él, brillante como el sol después de una recia y casi interminable tormenta. Su manifestación dará esperanza a los desvalidos.

 

El Apocalipsis de Jesús

Apocalipsis significa “revelación”. Literalmente quiere decir “descorrer el velo”. Se refiere a la manifestación de una deidad. Aparece en varios textos con referencia a la venida de Jesús: “esto sucederá cuando el Señor Jesús aparezca desde los cielos con sus poderosos ángeles” (2 Tesalonicenses 1:7); “de tal manera que no falte ningún don, mientras esperáis la manifestación de nuestro Señor Jesucristo” (1 Corintios 1:/, véase 1 Pedro 1:7, 13; 4:13).

Jesús, volverá en las nubes de los cielos para revelarse a sí mismo delante de justo y pecadores. Muchos no tienen idea de lo que han rechazado. En este mundo a lo malo se le llama bueno, y a lo bueno malo.  Por eso, cuando lo  vean en las nubes de los cielos, sabrán lo que perdieron. Entonces se darán cuenta de que Jesucristo no es un personaje famélico y debilucho, de rostro afeminado, clavado impotente en una cruz como un perdedor, sino el Rey de reyes y Señor de señores, el único que merece la gloria y el honor. Ese día muchos comprenderán que sus postulados  filosóficos estaban mal fundamentados. Pero entonces será demasiado tarde.

En el mundo contemporáneo ningún sistema de gobierno satisfará verdaderamente  las necesidades humanas. Tampoco lo  hará una  nueva teoría  económica, política o filosófica. Mas bien, el verdadero cambio del orden mundial ocurrirá cuando Jesús aparezca en las nubes de los cielos, en gloria y majestad, audible y visible. Entonces, se establecerá su reino tal y como el profeta Daniel lo vislumbró: «En los días de estos reyes el Dios del cielo establecerá un reino que jamás será destruido ni entregado a otro pueblo, sino que permanecerá para siempre y hará pedazos a
todos estos reinos» (Daniel 2: 44).

La venida de Jesús no es una fantasía inventada por un excéntrico. Se trata de una realidad que  ocurrirá pronto ante la vista de los habitantes de este planeta. Lo mejor es no perder «la bendita esperanza» en la «gloriosa aparición de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo» (Tito 2: 13, NRV 2000).